La enfermedad por coronavirus (COVID19) causada por “severe acute respiratory syndrome coronavirus 2” (SARS-CoV2), comenzó en Whuan, China, pero su rápida diseminación a nivel internacional ha llevado a la Organización Mundial de la Salud a declararla una pandemia el 11 de Marzo pasado. 1

Es importante que los cardiólogos y la comunidad médica en general conozca su impacto a nivel cardiovascular (CV). Debemos saber que la información hasta el día de hoy proviene, en su mayoría de China, de análisis retrospectivos y unicéntricos, o de casos reportados. Por lo tanto, los datos estadísticos probablemente no sean los reales, pero son los que hay disponibles a la fecha; y seguramente alguno de ellos tengan modificaciones al momento en que usted se encuentra leyendo esta revisión.

La infección por COVID19 impacta de manera directa la enfermedad cardiovascular (ECV). Los pacientes con ECV están predispuestos a la infección por COVID19, y a mayor riesgo de eventos adversos, además, la infección por sí misma se asocia a complicaciones cardiovasculares. 2,3 Por otro lado, las terapias utilizadas para el COVID19 pueden interactuar con fármacos cardiovasculares o impactar en el sistema CV.

Fisiopatología, epidemiología y características clínicas de COVID19

El SARS-CoV2, pertenece a la familia coronaviridae, es un virus de ácido ribonucleico (ARN). Su genoma es 96.2% idéntico a los coronavirus encontrados en murciélagos. Este virus puede utilizar la proteína enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2) para ingresar a las células. La ACE2 está altamente expresada en células alveolares del pulmón, allí cumplen roles de protección pulmonar, que se pueden ver alteradas cuando el virus se encuentra unido a este receptor.

La infectividad del COVID19 es mayor que el de influenza, con un número reproductivo básico (Ro) estimado de 2.28.

Su mortalidad es mayor que la reportada en las últimas influenzas estacionales (0.1%), aunque menor que otros brotes por coronavirus como el SARS y MERS-CoV (9.6% y 34.4% respectivamente), pero el COVID19 tuvo más muertes que éstos últimos, dada su alta infectividad y gran cantidad de pacientes afectados. Sin embargo, su letalidad es incierta debido a varias razones, muchos pacientes pueden encontrarse asintomáticos y por lo tanto no diagnosticados, no todas las zonas geográficas cuentan con capacidad de realizar tests a todos los pacientes con sospecha, las complicaciones (y/o muerte) pueden suceder mucho después que el contagio (entre 2-3 semanas post-infección).

Se han propuesto 3 fases probables de la infección y su compromiso orgánico: estadío 1 (leve) o infección temprana; estadío 2 (moderado) con compromiso pulmonar con (IIa) o sin (IIb) hipoxia; y el estadío III (severo) donde prima la respuesta inflamatoria sistémica aumentada. 4

Su severidad clínica se ha reportado como leve 81.4% (fiebre, tos, disnea, mialgias, fatiga, diarrea y linfopenia), severa 13.9% y crítica 4.7%. 5 Los casos severos se presentan como neumonía, distrés respiratorio (SDRA), con o sin shock cardiogénico y/o distributivo. Aquellos más vulnerables son los ancianos y pacientes con comorbilidades.